Aunque preferiría fríos y nieves,
mi invierno, por cuestión del clima local,
se presta más a dar largos paseos en bici
en las mañanas frescas, pero soleadas.
A esperar a Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás bebiendo
litros y litros de refrescos de cola "después de tanto ejercicio".
Esto no es posible en mi invierno,
a menos que me líe la manta al cuello,
coja el carricoche y me pire a unos cuantos kilómetros.
Tal vez, entonces, encontraría un escenario así de romántico.
¿Que os parece demasiado frío?
No puedo discutir eso.
Entremos pues en calor con unos juegos y unas risas,
mano de santo, oigan.
Claro que, en el caso de la señorita, se me
congelarían las risas al punto, justo cuando
mis dientes comenzaran a sonar en estéreo...
YO hasta aquí no llego, YO bien abrigada.
Os aseguro que NO suelo ir perdiendo la ropa por ahí,
soy despistada pero NO tanto,
Os aseguro que NO suelo ir perdiendo la ropa por ahí,
soy despistada pero NO tanto,
Pero más que todo, lo que me gusta del invierno
es lo que llega con él, con frío o sin frío.
Navidad, Navidad, dulce Navidad...
Y es que, después del otoño, es mi estación preferida.
Con este post participo en el II Reto de Invierno que propone
Inmaculada en su blog PERFILEANDO
Pinchad en la imagen para más información
y animaos a participar
sea cual sea la temática de vuestro blog.
Os deseo un invierno fresquito (no maldecirme por esto)
y ya de paso, unas muy cálidas Navidades en el corazón.
Nos volvemos a encontrar aquí cuando pasen las fiestas.
Abrazo colectivo.















































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